«Nos han insultado, pero también nos acogieron en sus casas como a uno más»

«Nos han insultado, pero también nos acogieron en sus casas como a uno más»

«Nos han insultado, pero también nos acogieron en sus casas como a uno más»

18/07/2017

Dos jóvenes relatan su experiencia de evangelizar durante cuatro días en Carballo

Sin un euro en el bolsillo ni un teléfono móvil al que echarle mano. Con lo puesto y una Biblia para evangelizar en Carballo. Y a la espera de la solidaridad de aquellos que les abrían la puerta. Jesús Alonso de León tiene 26 años y es diseñador de interiorismo. Con él viaja Marco Pulvirenti, de 30 años, natural de Catania (Sicilia) y seminarista en el Redemptoris Mater de León. Es abogado especializado en Penal.

Ambos permanecieron cinco días en Carballo. Lo hicieron «para evangelizar y predicar la palabra de Dios a aquel que desee escucharla», apuntó Jesús Alonso, natural. Con apenas diez años se marchó con sus padres y sus diez hermanos a la ciudad japonesa de Niigata. «Dejamos las comodidades que teníamos en España para evangelizar en Japón». Dijo que esta experiencia le marcó de por vida: «Pasé de tener amigos y disfrutar de un ambiente familiar y educativo abiertos y cercanos a no mantener relación con nadie porque en Japón la cultura es muy diferente. Y así durante 14 años, pero a la vez fue una experiencia vital enriquecedora porque me acercó mucho más a Dios».

Jesús Alonso de León y Marco Pulvirenti se conocieron hace poco tiempo, en el Camino Neocatecumenal, una institución católica que, según sus estatutos aprobados por la Santa Sede, es un itinerario de formación católica o fundación de bienes espirituales. Allí en León se juntaron de golpe y porrazo 400 personas dispuestas a evangelizar España. En una cesta, los nombres de las localidades. En la otra, los nombres de los evangelizadores. A este acto acudió, incluso, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez. «A nosotros, que no nos conocíamos de nada, nos tocó Carballo, que no sabíamos ni dónde quedaba», señaló Jesús. Su compañero de fatigas, Marco, explicó los pormenores del viaje. «Nos trajeron en un coche, nos soltaron en Carballo y nos dejaron a la buena de Dios. Es más, pensábamos que íbamos a dormir a la intemperie». Nunca mejor dicho.

Sin un euro en el bolsillo, sin teléfono móvil y, literalmente, con lo puesto acudieron a junto del cura de Carballo: «Fuimos y nos presentamos a don José. Desde el primer momento nos dijo que teníamos un sitio donde dormir», comentó agradecido Jesús Alonso. Marco, por su parte, alabó la hospitalidad del párroco. «Comimos en la cocina económica y compartimos con todos una experiencia vital muy importante para nosotros» Y lo que para el resto de los mortales ir a Razo a dar una vuelta se considera algo normal, para estos dos evangelizadores fue todo un acontecimiento: «Don José nos llevó un día de paseo por iniciativa propia, fue algo maravilloso por lo bonito que es el sitio y por lo bien que nos trató».

La labor evangelizadora es para ambos un reto. Son conscientes de antemano de que en el 90% de las puertas se les cierra sin que apenas puedan articular palabras. «Lo asumimos. Muchos nos cierran las puertas diciendo que no les interesa. Ocurre con los comerciales o los testigos de Jehová. Nos han llegado a insultar, nos han llamado gilipollas, pero nosotros siempre respondemos que Dios nos ama».

Su primera parada fue O Sisto. «Fuimos de casualidad. Nada más llegar fuimos conscientes del ambiente de marginalidad existente, pero tenemos que decir que nos trataron de maravilla», señaló Jesús Alonso quien, aseguró sentir en Carballo más empatía de la esperada en estos cuatro días de evangelización: «Nos abrieron las puertas de sus hogares, nos contaron sus miedos, sus temores, sus ilusiones… Se abrieron a nosotros. Incluso un día cenamos en Carballo con un chico que conocimos y que nos invitó a su casa. Incluso fuimos a un supermercado a comprar comida sin gluten porque Marco es celíaco»

Fuente: Tony Longueira | La Voz de Galicia
Foto: Alba  Romero